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Hace ya unos años empezó la aventura de la Red. Cada uno de nosotros es parte de ella (incluyéndote), pues no hay mayor requisito que un espíritu de hermanos que permita avanzar la Obra del Señor. 

Una frase que acostumbro decir en mis conciertos cuando me refiero a los sueños que Dios nos ha compartido, es que no ha cometido el error de darle a una sola persona todo un sueño, sino que en el corazón de varios soñadores esta repartido todo el sueño de Dios.

En el principio llegué a pensar por un momento que sólo yo estaba haciendo este tipo de trabajo, pero esto era básicamente por ignorancia, no por conocimiento de la verdad. Confieso que sigue habiendo varios que prefieren permanecer en la ignorancia, que es una forma tierna de llamar a la terquedad de hacer las cosas solos, o como nadie, que es lo mismo.

Viajando por todas partes, empecé a encontrar a otros soñadores como yo, en la misma lucha, en el mismo fuego de la prueba y con las mismas lágrimas derramadas por servir al Señor como lo hacia yo. Unos apenas empezando, pero dispuestos a aprender y a darlo todo; y otros con mas tiempo que yo en la batalla, pero sin reclamar ningún derecho de piso por antigüedad (como si se pudiera) sobre la mies del Señor.

Al oír cantar a estos trovadores, mi corazón vibraba con intensidad. Al escuchar sus letras y sus mensajes me daba cuenta que era el mismo Espíritu que me motivaba a mi también a seguir cantando la Buena Nueva. Esta experiencia la vivo hasta el día de hoy, al ver la unción compartida de Dios entre nosotros.

Algo me gritaba en mi interior que esas canciones y formas de predicar el Evangelio no se podían quedar en los limites de una ciudad, o de un país o dos, que Dios quería que ese fuego se extendiera, y que sin duda mi posición privilegiada (que no mejor, ni mayor) en medio de todo esto, tenia algo que ver para que se empezara a lograr; pero... ¿como?

Al igual que muchos, tuve la tentación de la inmadurez, (no importa cuanto tiempo se tenga en esto, se puede uno quedar ahí) como la tuvo Juan, el discípulo amado, al intentar impedir a otros liberar gente en el Nombre de Jesús, hasta que escuchó la voz firme del Señor aclarándole que los enemigos se conocen, no se inventan. Pude sentir la envidia espiritual de Josué al ver que el Espíritu Santo había descendido sobre otros que no estuvieron en la reunión original con Moisés, quien por el contrario quería que todos fueran profetas como él.

Doy gracias al Espíritu Santo por ayudarme a superar esto. Fue justamente él quien nos dio la oportunidad en su Nombre de hacer en 1997 nuestro primer proyecto juntos: Lenguas de Fuego; álbum musical para celebrar el año del Espíritu Santo de camino al Gran Jubileo del 2000. La iniciativa vino, nada más ni nada menos, que de la jerarquía eclesial representada en el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano). Ellos nos pidieron este álbum que nos permitió experimentar la fuerza de la unidad en Cristo.

Luego vino Chile y el Encuentro Continental de Jóvenes (1998), donde una vez más la Iglesia se la jugaba por nosotros, convocando a muchos músicos católicos de América a participar en la actividad y a dar la cara por nuestro arte y ministerio.

Esto ya era demasiado obvio por parte de Dios, así que estando en estas tierras del sur tuvimos un encuentro de amigos, donde fundamos la Red Magnificat, un 12 de Octubre, día de nuestra Señora de Aparecida, quien por cierto fue hallada en una red por pescadores (valga la anécdota) y es, junto con Nuestra Señora de Guadalupe, nuestra patrona.

A partir de ahí la Red Magnificat fue y es noticia. Hoy lo aclaramos para todos: No somos una institución, sino una acción y espíritu de amigos, un espíritu de hermanos, un espíritu de unidad, que busca ayudar, sin complicaciones burocráticas ni paternalismos, en el apostolado de todos los que con este mismo corazón quieran trabajar, aprovechando desde la mínima comunicación, hasta la mejor de las producciones para mostrarlo y hacerlo.

Aunque tenemos nuestros documentos, no somos una institución fría y burocrática. Tampoco queremos ser los únicos, razón por la cual uno de nuestros objetivos es contagiar este espíritu, descubrir a otros soñadores, y hacer redes locales y nacionales. 

Es verdad que hay un grupo fundador y coordinador, es cierto, pero nadie esta excluido de ser red, a menos que esté buscando pasar por encima de los demás, tener el control, ser el mesías de todos los músicos y buscar pleitesía, servirse de los demás para sobresalir, sobreponer sus proyectos personales por encima de los de todos, o aun reclamar la paternidad y hasta la abuelidad de todos los demás músicos incluyendo hasta la de Yubal (el primer músico del que habla la Biblia); esos se excluyen y se descubren solos.

Si está en ti el servir al Señor y ser parte de su gran plan junto con otros, de hecho eres parte de la red por compartir el mismo Espíritu.

A través de estas páginas, esperamos retroalimentarnos fraternalmente contigo, eso es lo que cuenta y lo que vale. No esperes lo que no te podemos dar, ni sabemos dar. Por mas redes o instituciones que haya, cada uno llegara con sus dones, hasta donde Dios quiera que llegue.

Recuerdo una ocasión en que nos reunimos un grupo de músicos católicos en el Vaticano. El ahora Cardenal Sergio Sebastián, quien en ese entonces era el Secretario del Comité organizador del Gran Jubileo del 2000, me preguntó cuál seria la definición sobre este trabajo de músicos de la Iglesia Católica. El Espíritu Santo tomó mi lengua y respondí: "Pescar con caña es un deporte, pescar con red es un trabajo y es ser Iglesia". Eso es la Red Magnificat, y ese es nuestro espíritu. Estamos dispuestos a admirar y reconocer la forma en que pescas, pero estaremos dispuestos a unir esfuerzos si te atreves a pescar junto con otros en la misma barca de Pedro. Si no lo hacemos así, corremos el riesgo de hundirnos. ¡Nadie puede con todos los peces!.

Era el 21 de Mayo del 2000, mes de Maria y año del Jubileo. Tenia en mi mano un CD con canciones de varios hermanos de la Red Magnificat, con ritmos de toda América en honor a nuestra Madre del Cielo. Con gran emoción le dije al Papa Juan Pablo II: "Santo Padre, en este disco traigo el trabajo de más de veinte años de varios músicos católicos en la evangelización de los jóvenes en América. Bendíganos"; y así fue. Tomó el CD por un momento, y colocando su mano sobre mi cabeza, y tomando cariñosamente la cara de mi esposa Lizzy, apretando fuerte, nos bendijo. Yo estaba ahí por gracia (¿por qué otra razón?), y estaba ahí indignamente representando a todos aquellos que saben que si cualquiera de nosotros llega, nos hace llegar a todos.

Estoy seguro, porque lo he visto, que Dios bendice este esfuerzo de Red porque es por y para la Iglesia. Hacen falta refuerzos, la mies es mucha, bienvenido al sueño. Esto es plan de Dios y permanecerá como todo lo que nace de él. Nunca seremos suficientes, pero debemos estar juntos todos los llamados a esta Red.

Gracias por tu visita a nuestro site y por pensar en red.

Y aun siendo tantos peces, la red no se rompió (Jn 21, 10)